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2.12.09

Els regals de Nadal, per Laura Gutman

Las ilusiones alrededor de las Navidades de nuestra infancia duraban un año entero. Escribíamos nuestras cartas con esmero, esperando que ese ser mágico vestido de rojo atienda nuestros anhelos. A veces redactábamos “que mi madre no sufra más”, “por favor, que mi padre deje la bebida” y también “quisiera un hermoso vestido”. Claro que había pedidos de regalos costosos, imposibles de ser adquiridos por personas de carne y hueso como los padres de uno. Por eso el pedido era fascinante. Si por casualidad se cumplía, era por gracia de un ser superior.
Más allá del sentido religioso que podía tener para las personas mayores, la Navidad era una fiesta para los niños, porque el mundo brillaba como en un cuento de hadas. Era el momento de cumplir algún sueño y hasta teníamos la fantasía de que todos éramos un poco más buenos. La alegría era inmensa al recibir finalmente un regalo. Uno. Inolvidable.
Hoy la magia tiene más relación con Internet que con descubrir a Papá Noel. Los hechizos duran apenas unos segundos apabullados por la publicidad. El consumo desenfrenado nos induce a comprar y comprar y comprar regalos costosos. Regalos para los niños, para los grandes, para los vecinos, los sobrinos, los nietos, las nueras y los yernos. Usamos nuestras tarjetas de crédito hasta el límite del hartazgo para juguetes, ropas, zapatos, electrónica, o vacaciones.
Posiblemente cuando nuestros hijos sean mayores, no recuerden nada especial en relación a las Noches Buenas. Hoy se convirtieron en cenas fastuosas a las cuales arribamos agotados, tras recorrer centros comerciales, endeudados y a disgusto. Es posible que algo de toda esta vorágine nos deje una sensación de sin sentido cuando se supone que debería ser una época de reflexión y encuentro.
Quizás sea la ocasión perfecta para hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esa noche tan especial. Tal vez podamos instalar cierta intimidad, reunirnos con pocas personas muy allegadas y regalar a cada uno un escrito colmado de agradecimientos. Y para los niños, claro que habrá algo fuera de lo común, algo soñado, esperado, imaginado y en lo posible no muy caro. Los niños tienen derecho a recibir unas palabras que nombren lo orgullosos que sus padres están de ellos y una hermosa carta escrita por Papá Noel felicitándolos por sus virtudes, firmada con letra dorada.
La Navidad puede volver a ser mágica. Todos nosotros estamos en condiciones de ofrecer a los niños pequeños una noche especial, llena de sorpresas y de encanto. Es una sola noche al año. Todas las demás estamos cansados, hartos de nuestras rutinas. Y ese fastidio cotidiano, no hay juguete que lo transforme. Aprovechemos el confort que hemos adquirido, pero agreguemos nuestros recursos emocionales. Un poco de calma, buena música y disponibilidad afectiva, son regalos insuperables.

Laura Gutman

24.11.09

"La guardería no puede criar saludablemente a un bebé" entrevista a La Contra de la Vanguardia

Entrevista a Eulàlia Torras de Beà, psicoanalista y psiquiatra infantil
VÍCTOR-M. AMELA - 23/11/2009

Soy lo bastante mayor para acumular experiencia y lo bastante joven para seguir aprendiendo. Soy de Barcelona. Soy médica, psiquiatra y psicoanalista. Estoy casada y tengo tres hijos y seis nietos. ¿Política? Favorable a los más necesitados. ¿Dios? Eso son cuestiones privadas

¿Qué tiene de malo una guardería?
Es algo que necesitan los padres..., pero no es lo que necesita un bebé.

¿Y qué necesita un bebé?
La cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.Pero si los padres no pueden...Dejan a sus bebés cada vez más tempranamente en guarderías, sin calibrar las consecuencias...

¿A qué edad entran los bebés en guarderías?
¡Con cuatro meses! Algo impensable hace 40 años...

¿Y qué consecuencias tiene esto?
Mala crianza. Asumimos como normal que nuestros bebés enfermen, ¡y no lo es!

¿Enferman por culpa de la guardería?
Multiplica las posibilidades de enfermar: el bebé está más expuesto a gérmenes... y, sobre todo, más propenso a toda afección.

¿La guardería acentúa la propensión a enfermar del bebé?
Sí. El propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de personas... ¡eso es lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé! La guardería, en cambio, puede comprometer su desarrollo.

¿Tanto como eso?
El ingreso en la guardería lo hace retroceder temporalmente en competencias que está adquiriendo, como hablar, caminar...

¿Por qué?
Un entorno estable proporciona seguridad al bebé, seguridad que lo anima a explorar: así madura bien. Alterar su entorno le resta seguridad, lo que frena su desarrollo.

¿No está dramatizando, doctora?
Lo confirman los últimos hallazgos en neurociencias y psicología evolutiva.

¿Me los resume?
De los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores...

¿Y besos?
Y besos. Todo eso sofistica y enriquece su sistema neural y nervioso, el sistema desde el que establece su relación emocional y cognitiva con el mundo y consigo mismo.

¿La guardería no da esos estímulos?
Imposible en grado óptimo, improbable en el necesario, difícilmente con la intensidad y calidad de unos papás atentos y amorosos.Ya no existen a tiempo completo.Y quizá por eso llegan cada día a las consultas más psicopatologías en niños cada vez menores... ¡España es ahora el tercer país que más psicofármacos receta a menores! Cortamos síntomas sin analizar causas.También padecemos en España un elevado fracaso escolar.Tampoco analizamos causas, preferimos castigar o etiquetar: "trastorno por déficit de atención e hiperactividad", y medicar.

Ir pronto a la guardería ¿no garantiza una mejor escolaridad ulterior?
No. Hay que escolarizar al niño justo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar.

¿Y a qué edad sucede eso?
No antes de los tres años.¿Tan tarde?En Finlandia los padres no están obligados a escolarizar a sus hijos ¡hasta los siete años! Y Finlandia es el país con menos fracaso escolar de Europa, vea el informe PISA.

Seguro que concurren otros factores...
El principal es que el Estado sufraga durante el primer año a los padres. Y luego permite horarios laborales intensivos o reducidos. Así, ¡los padres pueden criar a sus hijos! Y un niño bien criado en casa llegará a la escuela muy estimulado, con ganas de descubrir. Y aprenderá más y mejor.

O sea, que deberíamos mimar al bebé.
Atender sus necesidades de hambre, sueño y - sobre todo-cariño. No es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá! Porque el niño así criado gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán.

¿Y no será así si se ha criado con mucha guardería o en un orfanato?
La pobreza de estímulos empobrece su desarrollo: serán niños poco orientados, intemperantes y más agresivos, más vulnerables a la frustración, más depresivos...

Diga algo bueno de las guarderías.
Muchas tienen excelentes cuidadoras, pero repartirse entre tantos niños imposibilita la calidad de la atención personalizada.Mejor una guardería que algún hogar.Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica, ¡mejor una guardería, sí! La guardería es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé.

Envíe un mensaje a los padres.
Uno de la doctora Julia Corominas: "Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores". Ahorro en salud física, mental y emocional.

¿Qué haría si mandase en España?
En vez del populismo político de inaugurar guarderías, subvencionaría a los padres para que dedicasen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años: ¡eso sí sería progresista!En algo sí habremos progresado en los últimos 40 años..Sí: en conocimiento. Sabemos cómo optimizar el desarrollo de los niños. ¿Por qué no lo aplicamos? ¿Queremos su felicidad futura?

9.10.09

Pensamientos y prácticas sistémicas en la escuela

Comparteixo aquest text preciós que m'ha arribat. Escrit per Marianne FRANKE-GRIKSCH

Soy maestra de primaria desde 1.964. Las experiencias recogidas a lo largo de los últimos doce años como animadora de seminarios de constelaciones familiares según el método de Bert Hellinger, me han aportado conocimientos que puedo utilizar en beneficio de la escuela.

Cuando los niños se encuentran en una clase a las 8 h de la mañana, están sentados, con su imagen familiar específica e interiorizada; cada uno vive y actúa según su realidad particular, intenta trasladarla a la clase y pone en escena a su familia atrayendo, llegado el caso, compañeros adaptados al tipo de funcionamiento relacional en el seno de ésta. A través de lo que oye regularmente en casa y en su familia, los niños entre 6 y 12 años ajustan su mirada profundamente a su dinámica familiar. Como terapeuta familiar, a menudo “me muero de ganas de hacer hacer algo”.

Sin embargo, mi misión en el trabajo como maestra está claramente limitada: enseñar las diferentes asignaturas de manera ortodoxa, guiar la clase como grupo y permitir que cada alumno progrese lo más rápidamente posible. En este contexto, se me impone una abstinencia total como terapeuta. Y es precisamente esta abstinencia impuesta la que, a lo largo de los años, me ha hecho capaz de ver las cosas bajo el ángulo sistémico y actuar en consecuencia.

Utilizo las oportunidades de despertar la atención de los niños respecto a la vida, a su familia, a su padre y a su madre. Y valoro especialmente el hecho de afrontar de una manera totalmente nueva los conflictos y las tentativas de exclusión que, como en cualquier otra comunidad, se presentan en la clase.

Entrenamiento al pensamiento sistémico

Progresivamente, formo a mis alumnos en el pensamiento sistémico. Si una madre está embarazada, si un miembro de la familia está enfermo o muerto, aprovecho la ocasión para hacer un círculo de conversación. Pensamos sobre las diferentes calidades de relación. Por ejemplo, como aman los padres a sus hijos o cual es la actitud buena de los niños frente a los padres. Ponemos todo eso en gestos y en movimientos y los niños llegan de una forma puramente lúdica a intervenir y decir frases como las que Bert Hellinger propone a los representantes en las constelaciones.

Por supuesto en esos momentos hablamos del hecho de que los niños, a veces, representan en la familia a uno de sus miembros desaparecido demasiado pronto o de como cogen a menudo el destino de sus padres. Y los niños de 11 años han encontrado por si mismos un ritual para honrar a los muertos o para no mezclarse con el destino de sus padres. A veces, constelo a un niño delante de su padre o de su madre, siendo los representantes sus compañeros de clase. Los demás ven por ellos mismos si se trata totalmente de un niño o bien si se toma por algo más que eso, si es un poco pretencioso. A ellos les gusta el abanico de todas las actitudes posibles y se proponen unos a otros frases como: “Pero papá, soy tu hijo”. Inventan sin cesar nuevas frases, la mayoría de las veces maravillosas. Se inclinan ante los muertos, les piden su apoyo y su bendición.

Hago más bien todo eso a título de ejemplo. En mi clase actual, hay muchos niños de Serbia, Croacia, Kosovo, pero también de Afganistán y de Turquía. Algunos han perdido a su padre en la guerra, otros a su tío. Hablamos de ello y decimos lo triste que es para la familia pero también hablamos de la fuerza que los muertos pueden darnos cuando les pedimos su bendición. Por supuesto, los niños lo cuentan en casa. Y en la atmósfera que reina durante las reuniones de padres, puedo sentir como el hecho de que las familias estén consideradas y sean honradas, hace bien a todos los participantes.

De las constelaciones familiares en la escuela, podemos sacar ejemplos fundamentales para mostrar hasta que punto es diferente si el padre y la madre están uno al lado del otro y miran a sus hijos o bien si se orientan en direcciones diferentes, lejos uno del otro o si quizá miran a un muerto. Hace falta mucho tacto para no invadir la esfera íntima de la familia, para no mostrar al desnudo a los niños y a su familia, para quedarse en el ejemplo.

Este trabajo y estos pensamientos hacen que, en poco tiempo, aparezca un clima cálido en la clase que no había conocido nunca antes. Por el momento, estoy poniendo a punto un catálogo que recoja todos los juegos e iniciaciones sistémicas en la escuela primaria con el fin de publicarlo.. Nuevas vías para la resolución de conflictos.

Como ya he mencionado antes, extraigo caminos totalmente nuevos en la resolución de conflictos. Cuando comienza una pelea en el recreo los niños, por si mismos, vienen hacia mí. Han aprendido que no es importante que cuenten quién ha hecho qué, a quién y por qué. Simplemente dan los nombres de los protagonistas. Entonces los constelamos con representantes, si es posible con niños que no estén al tanto del conflicto. Los representantes dicen como se sienten. Buscamos un orden y unas frases apropiadas para la situación. Es un infinito alivio ver que los niños están realmente listos para dejar de mirar quien tiene razón y que, más bien, buscan como puede reequilibrarse todo, quien tiene que decir a quien: “Lo siento” o “Quiero repararlo”. La mayoría de las veces, los “compañeros” están estupefactos al ver que sus representantes sienten todo de una manera tan justa sin saber nada de lo que acaba de pasar.

Dos ejemplos de intervención sistémica

1. En una clase de quinto (con niños de 11 años) tenía un alumno, Samir (he cambiado el nombre) que se hacía notar desde el principio del año escolar. Molestaba, no podía soportar el buen ambiente y el trabajo en común y, gritando, tirando las sillas y atacando a sus compañeros físicamente, creaba tal ambiente que muchos niños se volvían contra él y otros le tenían pánico.

Al cabo de ocho semanas, para mí estaba claro que ese comportamiento en clase ya no era tolerable. Había observado también por las numerosas intervenciones realizadas durante el curso que ese chico tenía una inteligencia por encima de la media, que disponía de un vocabulario alemán impresionante y que gozaba de un pensamiento claro y de espíritu crítico. Sin embargo, tenía notas muy mediocres. Yo tampoco llegaba a comprender como llegaba a esos estados de crisis durante los cuales se volvía totalmente pálido, hiperactivo y en los que no se le podía parar. Su mata de pelo se alzaba por encima de su frente como una montaña. Después, por lo general, el muchacho se desmoronaba y se apretaba la cabeza con las manos, quejándose de una tensión espantosa.

Rogué a su padre que viniera a verme. Él estaba al corriente del comportamiento de su hijo y se sentía muy desgraciado. Samir le daba pena y sin embargo comprendía que yo no podía seguir teniendo al muchacho en la clase. Habíamos previsto una clase especial para niños socialmente inadaptados pero yo sentía que tampoco era eso lo que convenía a ese chico. “Hay algo de su hijo que no sé todavía” dije. "Quizá debería saberlo primero", y me sorprendió mucho lo que acababa de decir.

El padre dijo que todo iba bien en su casa y le aseguré que era su espacio privado y que eso no me incumbía. "Sin embargo, me interesaría saber cuando y por qué vinieron a Alemania“. Entonces, me contó que primero se había casado en Turquía. Tras 5 años, cuando ya tenían dos hijos, dos de sus hermanos y hermanas murieron en el espacio de un año, un hermano de 23 años durante una crisis epiléptica y una hermana de 18 de una ruptura de aneurisma. "Pero fue hace ya quince años, después de eso vinimos a Alemania" dijo, y sus ojos se enrojecieron mientras me aseguraba que no sentía ya ninguna pena.

Samir que vino al mundo cuatro años después, en Alemania, no sabía nada de eso, ni siquiera que una de sus tías y uno de sus tíos (¡epiléptico!) estaban muertos. Entre nosotros se instaló un silencio tal como pasa cuando una profunda realidad del alma se deja ver y, ahí, siempre hay una luz que se enciende. Le dije al padre que ahora todo estaba claro y bien. Tenía que pedir permiso durante unas horas en su trabajo, ir a pasear con su hijo y hablarle tranquilamente de su hermano y de su hermana, contándole como habían muerto. Después de eso, debían elegir viejas fotos y hacer que las ampliaran, enmarcarlas y luego ponerlas en la pared.

El padre de Samir estaba extrañado de que pudiera haber en ello una solución a las dificultades de su hijo. Yo no le di ninguna otra explicación pero tampoco dejé ningún resquicio para la duda. Le rogué que fuera a buscar a Samir a la clase (el muchacho esperaba ya, tal como le había prometido, que viniéramos a buscarle para tomar parte en la conversación) y le dijera que no le necesitábamos, que había algo mejor, que habíamos encontrado una solución y que todo iba bien. Eso hizo el hombre y yo me quedé sorprendida al ver hasta qué punto resplandecía bajando la escalera, aunque no le hubiera explicado nada.

Al día siguiente, Samir no se presentó y al otro tambpoco, era viernes. Los padres comunicaron que el chico tenía 40° de fiebre.

El lunes estaba de nuevo allí. Un poco pálido, se puso delante de mi mesa y me dijo que su padre le había contado todo sobre su tía y su tío epiléptico y que los dos estaban muertos, y que su padre había llorado cuando se lo contaba y que también habían elegido las fotos.

O.K. le dije, ahora todo está bien. Samir se quedó un poco más cerca de mí y depués fue a sentarse a su pupitre, cosa que hasta entonces nunca había hecho sin recibir una orden.

A partir de ahí, el chico se puso a cambiar de semana en semana.

Tracé para él un gráfico en un lado de la pizarra, ya que siempre decía hablando de si mismo: "Me gusta el caos Señorita Franke".

Caos <========================================>Orden

Cada día podía anotar allí donde se encontraba entre caos y orden..

Tres semanas después, las primeras reacciones de la clase se hicieron oir. Un niño dijo: “Samir realmente ha cambiado. Lo que estaría bien es que no siga sentándose solo”. En realidad, hasta ese momento, nadie quería sentarse cerca de él y también él quería estar solo. A lo largo la semana, este alumno fue a sentarse con Samir, simpatizaron y excepto algunas raras interrupciones, se quedaron uno al lado del otro.

Al cabo de dos meses, Samir me dijo: "Me parece tan extraño, Señorita Franke.. Ahora estoy casi siempre cerca del orden". Hablaba de su gráfico. Y en realidad no sólo había cambiado de comportamiento sino que también había mejorado sus notas. Mientras tanto, se había convertido en uno de los mejores alumnos.

Cuando unos meses más tarde tuvo una vez más una crisis violenta, le llamé y le pregunté si este antiguo comportamiento no sería finalmente mejor para él. También le propuse que contara a su tío y a su tía que había tenido esta crisis y que les preguntara sencillamente lo que pensaban de ello. Una pequeña luz atravesó su cara y dijo: "En realidad, todavía no hemos terminado totalmente mi padre y yo. Todavía tenemos que colgar las fotos. Voy a ocuparme de eso".

Desde entonces nunca más he hablado de ello con Samir. Hasta el final del curso escolar fue uno de los cuatro mejores alumnos y sus compañeros le apreciaban.

2. En esta segunda historia se trata de Elvir: "Soy el preferido de mi madre" decía el pequeño Bosnio con un tono de profunda convicción. La clase estaba sentada en círculo, veinticuatro alumnos, niñas y niños de 11 a 12 años de una clase de quinto. El tema era: Ivica va a tener un hermano o una hermana pequeños. Discutíamos sobre el lugar que los niños tenían en sus familias y de lo que cada uno sentía al respecto.

"Yo soy el preferido de mi madre, os lo voy a mostrar" dijo Elvir, y se puso a elegir personas para su padre, su madre, él y su hermano. Los niños ya habían jugado a menudo “a la familia” y lo conocían bien.

Cuando colocó a los cuatro, la representante de la madre comenzó a mirar fijamente al representante de Elvir sin poder quitarle los ojos de encima. Le pregunté si podía ver también a su marido y a su otro hijo. Dijo que no. Miraba visiblemente a lo lejos como si lo hiciera a través de Elvir.

¿Qué es lo que puede ver? pensé, y pregunté a Elvir si su madre había perdido a alguien. Los ojos de Elvir enrojecieron pero fue valiente y no lloró. Contó: "Mi tío, el hermano de mi madre llevaba alimento a los prisioneros. El campo estaba al final. En ese sitio, a campo abierto, le fusilaron. Tenía 19 años".

Coloqué entonces a un chico de la clase al lado de la madre y retiré al representante de Elvir. Cuando Elvir ocupó su propio lugar frente a su madre y a su tío, comenzó a llorar en silencio. Se secaba las lágrimas furtivamente.

Yo le propuse: "Dile a tu tío que te proteja". (Me decía que si él fue sin protección a través de ese campo y tuvo que morir, esta frase convenía a la situación). "Querido tío, protégeme" dijo Elvir.

El chico que representaba al tío, puso espontáneamente, sin que nadie se lo pidiera, su mano sobre la cabeza de Elvir y dijo: “Yo te protejo".

Luego, invité a Elvir a que se pusiera frente a su madre y le dijera: “Querida mamá, sólo soy tu hijo”. Lo dijo en yugoslavo. La niña que representaba a su madre le tomó espontáneamente en sus brazos.

Y después lo soltó enseguida. Su impulso había sido tan significativo.... Pero se sentían un poco incómodos los dos. Algunas veces los observo. Desde entonces son muy cálidos el uno con el otro. Por supuesto, al final pedí a los niños que se sacudieran bien y salieran de su papel. Pero esta “alianza” sigue estando entre ellos.

En las semanas y los meses siguientes, este crío tan fogoso y seguro de si mismo, se volvió temeroso, ansioso y a nivel escolar no iba muy bien. Algo había empezado a descender en él. Le acompañé en este proceso y le animé. Tenía 6 años cuando, apoyado en la ventana de la cocina con su madre, había sido testigo de ese asesinato. Lentamente pudo acomodarse a su nueva persona. Hoy día está de nuevo alegre pero de otra manera – simplemente como un niño de 11 años.

COFASY

(Constellations Familiales et Systemiques - Asociación B.H. Bélgica)

01/09/2004

Newsletter de octubre de Laura Gutman: "Nutrición emocional"

Si hemos atravesado nuestra infancia poco amparados o poco protegidos, haciendo grandes esfuerzos para sobre adaptarnos, es posible que en la actualidad entremos en competencia con los niños desde el hambre emocional. Grandes y pequeños nos pelearemos por un trozo de mirada, quejándonos de que nuestros hijos “están terribles”, son muy “demandantes”, estamos hartos de que “se enfermen”, o que “no respeten a los mayores”. Nos parece inaceptable que abandonen la escuela o que se droguen o que no coman o que se escapen o que tengan sexo sin protegerse.

Cuando un niño no es suficientemente nutrido emocionalmente durante la infancia, va a seguir necesitando eso que pidió, aunque modificará el modo en que formulará el pedido. La edad no calma la sed. La edad sólo disfraza las necesidades primarias en otras más presentables en sociedad. El niño necesitado se convertirá en un joven desesperado, ávido, feroz. Por eso, no importa con cuánta comida se atosigue, cuánta droga lo calme, cuánta agresión drene o cuántas pastillas lo duerman…no va a obtener cuidados maternos. Esto es consecuencia de una gran equivocación. Porque toda droga va a requerir más dosis. Toda relación dependiente lo va a llevar a relaciones aún más destructivas. Toda dieta lo va a arrojar a un circuito de restricciones. Todo acceso al alcohol lo va a dejar más prisionero de sus borracheras. Y toda distancia emocional lo va a colocar cada vez más lejos en su propio desierto.

Es verdad que tenemos la intención de amar y educar a nuestros hijos. Resulta que el amor puede estar presente como idea personal y colectiva. Pero amar concretamente a los hijos todos los días y todas las noches requiere comprender de dónde venimos…para entender las contradicciones profundas que sentimos cuando nuestros hijos pequeños nos demandan atención, presencia, conexión y amparo. Si nos sentimos desbordados o exigidos, es urgente emprender un camino de conocimiento personal, haciéndonos cargo de las improntas básicas que tenemos grabadas bajo la falta de cuidado o de palabras. Esas necesidades infantiles no nos fueron satisfechas en el pasado. Ahora nos corresponde reconocer qué es lo que nos ha acontecido, para decidir qué haremos hoy, es decir, cómo alimentaremos a nuestro niño herido y hambriento, para no trasladar esa hambre sobre nuestros hijos.

Laura Gutman

9.9.09

Espai Criança a Shen Girona

Un cicle de trobades per a mares i pares amb fills/filles entre 0 i 1 any, per a compartir inquietuds del dia a dia, resoldre dubtes i trobar referents per a una criança respectuosa, feliç i plena. Especialment per a les mares, es tracta d’un espai de recolzament, i acompanyament amorós i comprensiu en aquesta etapa de tants canvis vitals.

1.- La importància de l’estat anímic de la mare
2.- I la parella què?
3.- Com va ser el part
4.- El postpart. La famosa quarentena
5.- Les emocions del bebé
6.- Alletament i alimentació del bebé
7.- Alimentació de la mare després del part
8.- Creativitat i maternitat. A disfrutar!
9.- Les nits junts: dormir, hàbits, ritme
10.- Introducció de nous aliments

Els dimecres de les 15 a 16,30h.
Dies: 14, 21 i 28 d’octubre,
4, 11, 18 i 25 de novembre
2, 9, i 16 de desembre

Preus:10 €/sessió, o 90 € si es fa la inscripció sencera

Lloc: Shen Girona, Teràpies Naturals,
Plaça Salvador Espriu, 3-4 17002- Girona tel. 972 483 993

A càrrec de jo mateixa, Isabel Vidal, Pedagoga especialitzada en famílies i doula

5.7.09

Presentació de l'equip d'acompanyament a la maternitat i la criança


És motiu d’una gran il·lusió poder compartir amb tothom la propera presentació de l’equip MUDRA d’acompanyament a la maternitat i la criança, a Girona.

Som un grup de llevadores i doules que compartim una visió amorosa i confiada en els processos fisiològics que afecten a tota la vida reproductiva. Oferim un ventall de serveis per donar una atenció integral i personalitzada a les famílies per a aquests moments: visites amb llevadora (abans de l’embaràs, durant o en el postpart), atenció a parts domiciliaris, doules per al part i el postpart, espai de criança i terapèutic per a les famílies, tallers i formacions…

Per tal de que ens pugueu conèixer hem pensat de celebrar els nostres inicis explicant-vos quin és el nostre projecte, i també convidant a l’Ángeles Hinojosa, presidenta de la Plataforma pro Drets del Naixement, que ens oferirà la xerrada L’IMPACTE DE NÉIXER.

Estarem feliços i agraits de que vulgueu compartir aquest moment amb nosaltres, el dia 22 de juliol a les 18,30 al centre cívic Ter de Girona. Us hi esperem!

Paloma Rodríguez, Marga Franch, Sílvia Díaz-Maroto,
Quique Estévez, Anna Bordonada, Isabel Vidal
www.equipmudra.com

Més informació sobre Ángeles Hinojosa: http://www.reflexologiainfantil.org



13.3.09

¿Cómo encontrar el/la terapeuta que me conviene?, per Alice Miller

(Traducido del francés por Rosa Barrio)

Se me pregunta a menudo por qué no doy direcciones de terapeutas que estén completamente de parte del niño que fuimos y que no protejan a los padres.
Si conociera terapeutas suficientemente respetuosos para responder a sus preguntas , suficientemente libres para sentirse indignados con el conportamiento de sus padres hacia ustedes ; suficientemente valientes para acompañarles con empatía cuando dejen escapar la rabia bloqueada en sus cuerpos desde hace tanto tiempo ; suficientemente bien informados para no hacerse sermonear con « debería olvidar », el perdón, la meditación y « los pensamientos positivos » ; suficientemente honestos para no quererlos adormecer con palabras vacías como « la espiritualidad » cuando sienten miedo delante de su trágica historia – tengan por seguro que con gran dicha les comunicaría sus nombres, dirección y teléfono. Pero no conozco.
Si busco por internet encuentro solamente una avalancha de proposiciones esotéricas, religiosas, sectarias, comerciales o manipulaciones corporales peligrosas pero en ningún caso lo que yo busco.
Con la esperanza de que existan terapeutas que propongan afrontar de una forma seria y sistemática la realidad de la propia infancia y un acompañamiento sin engaños, les propongo con mi lista FAQ (las preguntas más frecuentes) los útiles necesarios para su búsqueda.
Si los terapeutas se niegan a responder a sus preguntas, ganarán al menos tiempo y dinero.
Si guardan todavía el miedo del niño temeroso que fueron al hacer sus preguntas a los terapeutas en la actualidad, su temor es comprensible, pero eso no quiere decir en absoluto que sus preguntas no sean importantes y esenciales ; los son si duda alguna.
Sé lo dificil que es encontrar un buen terapeuta, no obstante pienso que es posible si conocemos nuestras necesidades. Intentaré aquí responder a varias preguntas para animarles a verificar la actitud del posible terapeuta pero les pido por favor considerar este texto como un primer esbozo y que no duden en hacerle añadiduras o comentarios. (Decidí hablar del terapeuta y de la persona que busca uno como si fuesen dos mujeres, pero claro está los dos géneros están ahi representados).

¿Qué necesito para superar mi dificultad ?
Necesita una persona honesta, empática, que le ayude a tomar en serio las informaciones que le da su cuerpo puesto que ella misma ya logró hacerlo porque tuvo la suerte de encontrar esa misma ayuda que usted busca.

¿Cómo puedo reconocer en una terapeuta ese tipo de persona ?
Haciéndole muchas preguntas.

Esta idea me horroriza. ¿Por qué no me atrevo a hacer preguntas ?
Seguramente, siendo niña, se le castigó por hacerlas ya que con ellas hizo temblar a sus padres en su posición de poder. Ignoraron sus preguntas o le mintieron en lugar de responder con la verdad. Es POSIBLE que no se le comprenda o que sus preguntas desencadenen los temores y la defensiva de una terapeuta, pero usted ya no es la niña indefensa de entonces que no tenía elección. Puede irse y buscar otra terapeuta. Una niña no puede hacerlo, entonces intenta cambiar a sus padres, ciertas personas lo hacen (simbólicamente) durante toda su vida. Sin embargo siendo adulta se puede elegir. Puede con el sostén del foro internet reconocer las mentiras, la pedagogía perniciosa y las defensivas. Lo único que necesita es tomar en serio lo que oye, no negarse su malestar y no esperar poder cambiar a la persona (los padres) con el tiempo. No la cambiará. Ella misma necesita hacer una terapia y no debe de cargarse con ese trabajo, sobre todo si es usted quien paga la consulta.

Me siento culpable de desconfiar. Si no tengo confianza nunca podré encontrar lo que es bueno para mi.
Su desconfianza tiene una historia y eso requiere una comprensión PARTICULAR. La persona que se ocupaba de usted cuando era pequeña no merecía su confianza y la niña que usted era lo captó muy bien porque su cuerpo conocía la verdad, así no podía desarrollar la confianza. En lo sucesivo confie en las señales que le envie su cuerpo. Es la niña silenciosa quien se expresa, que comienza a hablar y que necesita de su veracidad. Si no se encuentra bien con una persona, tome en serio su sentir, no lo rechace, intente comprenderlo. En cuanto se sienta verdaderamente y profundamente comprendida, su cuerpo se lo hará saber inmediatamente y claramente. Se sentirá serena y tranquila sin necesidad de entrenamiento particular.

¿Cuál es el riesgo de hacer preguntas desde el principio ?
Ninguno. Solo puede salir ganando. Si la respuesta es hostil o defensiva puede ganar tiempo y dinero yéndose. Por otro lado si la respuesta que recibe le satisface, eso la animará a hacer otras. Y es lo que debe de hacer.

¿Qué clase de preguntas debo hacer ?

Todo lo que se cuestione. Pero sobre todo no olvide preguntar a la candidata que podría ser su terapeuta sobre su propia infancia y sobre su formación. Dónde se formó, lo que le ayudó y lo que no. Cómo vive sus dificultades, ¿se siente libre de ver lo que no fue justo o protege mas bien a las personas que la hirieron ? ¿Minimiza los daños ? ¿Le pegaron siendo niña ? ¿Cómo evalúa esa experiencia ? ¿Es verdaderamente consciente de sus consecuencias en su vida de adulta o por el contrario niega su importancia ? ¿Evita enfrentarse a su propio sufrimiento ? En este último caso hará todo lo posible por reducirla al silencio y no siempre de manera evidente.

¿Es un buen signo si me dice que ha leído El drama del niño dotado de Alice Miller ?
Eso no quiere decir nada. Pregúntele mas bien lo que sintió con la lectura de Por tu propio bien y los otros libros, que le dé su crítico parecer. Lo que le ayudó y lo que no le sirvió. ¿Cuál es según ella el factor que influye más en el proceso curativo ? ¿Es capaz de profundos sentimientos o prefiere un análisis intelectual para guardar una cierta distancia ? Es posible encontrar ésto con los terapeutas que trabajan con la terapia primal. Le hacen sentirse la niña impotente que fue durante años y años para « ayudarle » pero los hay que no están dispuestos a sentir el dolor que produce el enfrentarse honestamente con su historia. En ese caso usted podría acabar dependiendo de ellos y de su impotente e inmutable sentimiento de rabia contra sus padres sin poder liberarse de sus penosas emociones. Una buena terapeuta debe de ayudarla a encontrar y a satisfacer Sus Propias necesidades, descuidadas desde hace tanto tiempo. Necesidad de expresarse libremente, de ser comprendida, respetada y tomada en serio. En cuanto comience a satisfacer sus necesidades y a proteger a la niña interior, la rabia y el odio la abandonarán, se esfumarán. Son señales de alarma que muestran a mi modo de ver el descuido y el desprecio de los padres.

¿No soy una intrusa haciendo tantas preguntas ?
En absoluto. Tenemos derecho a estar bien informados y ella tiene que tener el suficiente valor, la conciencia y la honestidad de responder de forma adecuada, si no ella no es la persona que nos conviene.

¿Con esta actitud no estoy yo buscando un ideal que no existe ?
No creo. Sé que la honestidad, la conciencia, la compasión, el valor y la apertura EXISTEN. ¿Por qué no sería legítimo esperar esas cualidades de un terapeuta ?

Extret de l web: http://www.screamsfromchildhood.com/

19.2.09

Males mares... de Lucía Etxebarria

Yo no soy una buena madre. Y probablemente usted, que me lee, tampoco.

Si usted ha decidido quedarse en casa y consagrase al cuidado de sus hijos es usted una madre hiperprotectora, amén de un parásito, un ser que vive a expensas de otro y a espaldas de las verdaderas preocupaciones y dificultades de la vida.
Si usted trabaja fuera de casa entonces desatiende usted a sus hijos, y nadie valorará el hecho de que tenga usted que hacer verdaderos malabarismos para conciliar la vida familiar y la laboral. Lo peor de todo es que unas madres y otras van acusándose mutuamente: la que se queda en casa arremete contra la que trabaja, y viceversa, como si no fuera suficiente con recibir los ataques de los pediatras, los psicólogos, los especialistas en sueño, los periodistas, las madres,
las suegras y las cuñadas.

Nosotras, las madres de hoy, aseguran ciertos psicoanalistas, somos la fuente de todos los problemas de nuestros hijos, porque tenemos demasiada fuerza y le hemos robado la autoridad a los padres. Si su hijo es hiperactivo, si tiene rabietas, si insulta a otros niños en el colegio, la culpa será siempre de usted, porque o bien le consiente demasiado o bien no le atiende lo suficiente. ¿Y dónde están esos padres a los que les hemos robado la autoridad? ¿Cuánto han
luchado para defenderla?

Nadie culpará al padre, nadie cuestionará nunca que el padre trabaje fuera de casa o viaje. Pero ¡ay de usted si lo hace! No solo tendrá que enfrentarse al goteo constante de comentarios más o menos directos o indirectos por parte de su madre, de su suegra, de las madres de los compañeros de cole de su retoño, sino, sobre todo, tendrá usted que lidiar con su propio sentimiento de culpa, que no la dejará vivir.

Yo no soy una buena madre. Trabajo fuera de casa y además viajo. Dejo a mi hija con canguros. Tengo novios y vida social. No le he proporcionado a mi hija ese entorno familiar estable que entronizan los manuales de pediatría y las revistas de papel couché.

No soy una buena madre pero pago las facturas de mi hija (el colegio, la comida, los canguros, la ropa, los juguetes, el pediatra y, muy a mi pesar, las Barbies), apenas duermo para poder llevarla al colegio todos los días, dedico la mayor parte de mi tiempo libre a su cuidado y todo mi espacio mental a pensar en ella.

No soy una buena madre, como no lo somos ninguna. Es lo más parecido a lo que vivíamos en la primera adolescencia. La que intimaba con los chicos era una p**a, la que se resistía era una estrecha: no había término medio.

El caso es que nunca llueve a gusto de todos y una mujer nunca hace las cosas bien. A la madre nunca se le valora lo que hace y para colmo no tiene derecho a quejarse, so pena que se le diga que... es una mala madre.

Nuestra sociedad es perfeccionista y quiere individuos perfectos. Superhombres que se afeiten con acabado impecable, que conduzcan coches que apenas hagan ruido, que vayan al gimnasio tres veces por semana.
Supermadres de brillante sonrisa y silueta juncal, triunfadoras en todos los ámbitos, adoradas por sus maridos y respetadas por sus jefes, criadoras de niños sanos y emocionalmente estables. Nuestra sociedad ha convertido el goce en un modelo, y el goce inmediato en el valor supremo.

Y un niño no es goce ni inmediatez. Un hijo implica renuncia y perspectiva. Y sobre todo, implica aceptar que la perfección no existe.

Usted, que me lee ¿está con los nervios de punta porque no le da tiempo a hacer todo lo que debería?, ¿tiene diez kilos de más?, ¿no tiene tiempo para ir al gimnasio y, si lo tuviera, lo emplearía en dormir?, ¿desearía que a veces fuera él el que se ocupara de la compra, de la colada, de los biberones y de la visita al pediatra?, ¿a veces se enfada, a veces está harta, a veces llora y a veces, mucha veces, no está en condiciones de dar lo mejor de sí misma?

Estupendo. Bienvenida al Club de las Malas Madres. Recuerde: no somos las mejores pero somos la mayoría.

Lucia Etxebarria

8.2.09

Entrevista a Laura Gutman, diari Clarín

"Estoy segura de que podemos hacer la revolución en casa"

La psicoterapeuta familiar Laura Gutman vuelve al ruedo editorial con La revolución de las madres y traza un paralelo entre la imposibilidad de nutrir afectivamente a los hijos y problemas de alimentación como la anorexia, la bulimia o la obesidad.

Por: María Farber
“No hay familia ni comunidad de ampare a las mujeres y el valor de la maternidad ha caído en desuso”. Laura Gutman a Clarín.com. Por María Farber.

"Prefiero ser niñóloga: traigo la voz de los niños", dice Laura Gutman y allana el terreno para avanzar sobre las responsabilidades de madres y padres sin precaución de ofender. En su último libro, La revolución de las madres, Gutman apunta que casi todos los niños sufren el abandono de sus padres aunque permanezcan físicamente a su lado; que dejar llorar al bebé toda la noche hasta que se calme solito es la muerte espiritual de ese niño; que dejar de darle de mamar al bebé en el quinto mes porque el médico así lo indica, es un desatino y que la leche vacuna es mala para la salud.

Desafiar convenciones, escuchar la voz que desde el interior señala lo que es mejor para los chicos, es un rasgo de madurez necesaria, dirá Gutman, para que los padres puedan dar, nutrir y criar a sus hijos saludablemente. Y si la mirada de esta psicoterapeuta familiar resulta demasiado incómoda para algunos lectores, ella no retrocede: "No es duro lo que yo digo, dura es la vida de la gente, dura es la vida de los niños."


¿Qué es la crianza natural?

En España sobre todo está muy de moda el término crianza natural. Sería tener partos respetados, amamantar prolongadamente, comer saludablemente, permanecer con los niños mucho tiempo. Por supuesto que todas esas situaciones me parecen muy simpáticas. El problema no es tanto decirle a la mamá de qué manera tiene que criar y educar a los niños, sino tratar de entendernos los adultos, saber primero con qué recursos contamos, entender lo que necesita el niño y después tratar de ver juntos, dentro de nuestra realidad emocional, qué es lo que estamos en condiciones de ofrecer y si no qué tipo de ayuda necesitamos. Aparece otro tema muy de moda también, que es la culpa. Si para ser una madre perfecta tengo que hacer cosas que no puedo hacer, entonces tengo culpa porque no puedo y eso es una trampa.


Ud. sostiene que el problema no es que las madres trabajen, sino que cuando regresan a casa no están disponibles para los chicos...

Nosotros podemos trabajar 8 ó 10 horas, nos quedan 14 horas disponibles para estar con el niño: ahí el gran problema es la discapacidad emocional. El trabajo no es un impedimento para el vínculo amoroso, sí lo son nuestras historias pasadas complicadas, dolorosas.


Muchas madres habrán dejado de dar de mamar a sus hijos por recomendación médica, o siguieron el consejo de dejarlos llorar en su cuna creyendo que era lo mejor. ¿Qué les puede decir a quienes leen su libro y descubren que se equivocaron?

Yo trabajo para sacar a las mujeres de la infantilización de creer que el otro sabe algo que ella sabe perfectamente si se pone las manos en el corazón. Así que lo mejor es seguir nuestra intuición y seguramente nos vamos a equivocar mucho menos. Por eso no doy consejos, hay millones de maneras de criar a los niños. Lo que hicimos ya está hecho. Pero nunca es tarde. Si tenemos un niño de 5 o de 16 años, siempre es un buen momento para tener una conversación honesta.


Escuchar más lo que uno siente y menos la recomendación médica lleva a cuestionar generalizadamente a estas voces de autoridad que dicen, por ejemplo, que la leche de vaca es saludable...

Es un paradigma muy importante. Creo que la madurez emocional de un adulto es tener criterio y sentido común. Si vivimos infantilizados vamos a creer lo que nos diga cualquiera. En el fondo, en temas de nutrición o de crianza, lo que nos diga el médico o lo que nos diga el almacenero es igual, porque sobre crianza puedo asegurar que no han visto ninguna materia. Entonces se trata de ver dónde delegamos autoridad. Las mujeres, lamentablemente, nos sentimos muy frágiles y muy infantilizadas, entonces creemos lo que nos dice cualquiera.


¿Por qué cree que seguimos pensando que la leche de vaca es muy saludable?

No hay ninguna especie de mamífero que tome leche de otra especie después del período de lactancia. Durante siglos la especie humana fue amamantada por su madre hasta que estuvo en condiciones de ingerir alimento sólido y solamente en los últimos 50 años, en la sociedad occidental, los bebés empezaron a tomar leche de vaca maternizada: es obvio que esto ha sido el marketing. Y hoy estos son los paradigmas, todos creemos que la leche de vaca es buenísima. La realidad es que la leche de vaca es tóxica. Basta simplemente con observar a nuestros hijos que están todo el tiempo con mocos, otitis, angina, bronquiolitis y espasmos: una sola semana que cualquiera de nosotros esté dispuesto a sacarle completamente los lácteos, el harina blanca y el azúcar blanco y vamos a ver que al niño le desaparecen los mocos. Pero los canales infantiles están llenos de publicidad de lácteos, así que eso está metido con todo el poder del dinero de las multinacionales. Nadie tiene por qué creerme, pero pueden hacer la prueba.

Ud describe la relación entre la madre y el bebe durante el pauperio como una díada ¿qué lugar hay para el padre en este período?

Todos los lugares, eso va a depender de los acuerdos tácitos de cada pareja. Hay hombres que están muy incluidos dentro de los vericuetos emocionales de una mujer. Creo que en las parejas el mejor rol posible para un varón sería el de apoyar, sostener, amparar y proteger a la díada madre – bebé. Solamente un hombre infantil siente que se queda afuera, cuando cree que él solamente está para recibir atención de su mujer. Justamente, en este libro hablo de la dificultad que tenemos los adultos para dar.

¿Cuál es la consecuencia del no dar?

Que quienes se quedan sin recibir son los bebés y niños pequeños, que son los únicos que merecen recibir. Un niño no satisfecho en sus necesidades básicas, es un niño que luego va a necesitar más y va a ir pidiendo desplazadamente. Va a agredir, va a gritar o va a estar desesperado o se va a intoxicar y devenir adicto porque va a querer introducir sustancias desesperadamente, puede ser azúcar, jueguitos, televisión, computadora, después será alcohol y cocaína, no importa la sustancia. El grado de desesperación por recibir amor materno es algo que va a ir creciendo con el tiempo. Luego se va a convertir en un adulto siempre necesitado de recibir, es decir, egoísta y muy imposibilitado de dar.

¿Cree que este mismo abordaje puede hacerse en el caso de familias atravesadas por la pobreza?

La pobreza económica es un problema, siempre es mejor no ser pobre, pero la pobreza espiritual es mucho peor. Deseos de amar y ser amados tenemos todos. Al niño no le importa si nació en un palacio o en una villa miseria, mientras esté en el pecho materno, está en un paraíso. El problema no es que una madre no tenga recursos económicos, el problema es cómo la podemos ayudar para que tenga recursos emocionales para permanecer con ese niño.

¿Por qué el amor es la respuesta a problemas como la anorexia, la bulimia o la violencia?

El amor primario. Es la experiencia de haber atendido a miles de madres y padres desesperados porque pareciera que criar a un niño es demasiado difícil. En este sentido soy realista, tengo esperanza, pero creo que la cosa viene difícil porque estamos cada vez más solos, porque no hay ni familia, ni comunidad, ni tribu que ampare a las mujeres, porque la maternidad ha caído en desuso como valor y ¿qué otra cosa más importante tenemos que no sea crear a los niños con amor para que crezcan y sean personas seguras, felices y generosas, que tengan algo para aportar al mundo? Todo lo demás: las adicciones, los problemas de violencia, las guerras en el mundo son análogas, aunque en gran escala, a las guerras que vivimos en las familias y a la necesidad de obtener más que el otro. Estoy segura de que la verdadera revolución la podemos hacer adentro de casa.


Font: http://www.clarin.com/diario/2009/02/08/um/m-01853978.htm

2.1.09

Comprar en comptes de vincular-se, per Laura Gutman


No es fácil vincularnos y permanecer muchas horas a solas con los niños pequeños. Por eso solemos convertir los momentos de “estar juntos” en momentos de “consumo” compartido. La “compra” del producto que sea opera como mediador en la relación entre los niños y nosotros. El objeto mediador puede ser la televisión, el ordenador, los jueguitos electrónicos, salir de compras a la juguetería, al pelotero, al centro comercial o a lo sumo ir a ver un espectáculo (que pueden ser maravillosos y necesarios en sí mismos). Pero conviene reflexionar sobre cómo los adultos utilizamos los elementos de consumo social para paliar la dificultad que supone la relación con el niño, es decir la permanencia, la mirada, el juego y la disponibilidad emocional.

Cuando un niño nos pide tiempo para jugar, o mirada para que nos extasiemos por un descubrimiento en su exploración cotidiana, cuando nos solicita presencia para permanecer a su lado o que nos detengamos un instante para que pueda recoger una piedra del suelo; solemos responder ofreciendo una golosina, una promesa o un juguete porque estamos apurados. El niño poco a poco va aprendiendo a satisfacer sus necesidades de contacto a través de objetos, y muchas veces a través de alimentos con azúcar. Todos los adultos sabemos que mientras un niño come algo dulce, no molesta. Y también sabemos que en la medida en que esté hechizado por la televisión, tampoco molesta. Si aprende a jugar con el ordenador, molesta menos aún. Y si necesitamos salir a la calle en su compañía, en la medida que le compremos algo, lo que sea, estará tranquilo y nos permitirá terminar con nuestros trámites personales mientras dura la fugaz alegría por el juguete nuevo.

Los niños aprenden que es más fácil obtener un objeto o algo para comer (generalmente muy dulce o muy salado) y de ese modo desplazan sus necesidades de contacto y diálogo hacia la incorporación de sustancias que “llenan” al instante. Tienen la falsa sensación de quedar satisfechos, aunque esa satisfacción dura lo que dura un chocolate. Es decir, muy poco tiempo. Por eso los niños volverán a pedir –o a molestar a ojos de los adultos- y en el mejor de los casos volverán a recibir algo que se compra, con la debida descalificación de sus padres por ser demasiado pedigüeños o faltos de límites. Es un modelo que repiten hasta el hartazgo, porque funciona: creen que necesitan estímulo permanente, consumo permanente y rápida satisfacción.

A esta altura, los niños han olvidado qué era lo que estaban necesitando verdaderamente de sus padres. Ya no recuerdan que querían cariño, ni atención, ni mimos, ni palabras amorosas. Ya no registran que era “eso” lo que estaban necesitando.

Nosotros los padres también consumimos para calmar nuestra ansiedad y nuestra perplejidad al no saber qué hacer con un niño pequeño en casa. La cuestión es que nos vinculamos con el niño sólo en la medida en que hay algo para hacer, y si es posible, algo para comprar o comer. Y si el niño puede hacer “eso” solo, sin necesidad de nuestra presencia, mejor aún. Sólo basta mirarnos unos a otros un domingo en un centro comercial cualquiera, en cualquier ciudad globalizada.

Esta dinámica de satisfacción inmediata a falta de presencia afectiva, somete a los niños a una vorágine de actividades, corridas, horarios superpuestos y estrés, que nos deja a todos aún más solos. No nos damos la oportunidad de aprender a dialogar, nos olvidamos de los tiempos internos y pasamos por alto nuestro sutil compás biológico.

¿Qué podemos hacer? Pues bien, podemos buscar buena compañía para permanecer con los niños en casa, sin tanto ruido ni tanto estímulo. Amparadas por otros adultos, es posible permanecer más tiempo en el cuarto de los niños, simplemente observándolos. No es imprescindible jugar con ellos, si no sabemos hacerlo o si nos resulta aburrido. Pero si no logran ser creativos aprovechando nuestra presencia, basta con acercarles una propuesta, unos lápices de colores, una invitación a cocinar juntos, o a revolver las fotos del pasado. En fin, siempre hay algo sencillo para proponer, ya que “eso” que haremos será la herramienta para alimentar el vínculo. Y los niños generalmente aceptan gustosos.

Cuando estamos en la calle con los niños, podemos “desacelerar” y darnos cuenta que no pasa nada si tardamos más tiempo en realizar las compras o los trámites. Porque de ese modo cada salida puede convertirse en un paseo para los niños y en un momento pleno y feliz para nosotros. Si somos capaces de detenernos ante una vidriera que les llama la atención, si una persona los saluda y nos otorgamos el tiempo de sonreírle o bien si nos sentamos un ratito en la vereda porque sí, porque pasó una hormiga, algo habrá cambiado en la vivencia interna de los niños. Esos cinco minutos de atención significan para nuestros hijos que ellos nos importan, que el tiempo está a favor nuestro y que la vida es bella desde el lugar donde ellos la miran. Estamos diciéndoles que nada nos importa más en este mundo que mirarlos, que deleitarnos con la vitalidad y la alegría que despliegan y que los amamos con todo nuestro corazón.

Toda la dedicación y el tiempo disponible que no reciban de nosotros, los obligará a llenarse de sustitutos, y luego creerán que sin esas sustancias o esos objetos no pueden vivir. La realidad es que no podemos vivir sin amor. Todo lo demás, importa poco.


Laura Gutman

12.12.08

Ara que ve Nadal....

La Navidad interior, per Laura Gutman

Las Navidades se han convertido en una agotadora carrera de compras masivas de computadoras, teléfonos celulares, cámaras digitales, i-phone, i-pod, y algún que otro juguete de plástico entre tanta tecnología. Las principales invitadas a la fiesta son las tarjetas de crédito, que se desangran en su afán por llenar todos los vacíos existenciales. Comemos hasta el hartazgo, discutimos con qué parte de la familia pasaremos las fiestas, abrimos los regalos entre llantos de niños desbordados…y terminamos desahuciados después de la terrible maratón.

Más profundamente, cada mes de diciembre compartimos el ritual de recordar una vivencia sencilla y extraordinaria: la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza, entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes, amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: “Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el Amor y no según la Ley”. Esa preciosa criatura fue recibida en una atmósfera sagrada, con el calor del establo y bajo el éxtasis de la mirada amorosa de su madre. Dos mil años más tarde aún estamos festejando el nacimiento de un niño en buenas condiciones y reverenciando el milagro de la vida.

Pensándolo así, la Navidad debería ser la ocasión para rendir tributo a cada nuevo nacimiento de bebes cuidados y acariciados. Estos niños se convertirán en una generación de hombres y mujeres que traerán sabiduría y paz interior a los seres humanos. Por eso, decidamos si nos importa tanto seguir consumiendo frenéticamente alimentando la nada, o si es el momento de aportar algo de claridad, apoyo y cariño a cada mujer lista para parir, nutriendo el futuro.


Laura Gutman

22.10.08

Maternitat i treball, per Laura Gutman

A la mayoría de las mujeres nos resulta muy arduo lidiar con la continuidad de nuestro trabajo y con la crianza de los niños al mismo tiempo. No es que esto sea imposible, es que depende de dónde hemos desplegado nuestra identidad antes de arribar a la maternidad. Trataré de explicarlo.

Hoy en día las mujeres hemos conquistado las calles. La era industrial y la entrada al Siglo XX, nos han abierto las puertas para acceder al mundo del trabajo, las universidades, las profesiones, el dinero, la política, el deporte y el pensamiento independiente. Tal vez las mujeres más jóvenes lo sientan como algo natural, pero las más maduras sabemos que es un merecimiento histórico tardío. La realidad es que las mujeres hemos sido obligadas a desarrollar aspectos emocionales, vinculares y de comunicación más acordes a la energía masculina, para adueñarnos de un lugar en el mundo externo. Y lo hacemos cada vez mejor. Así, a lo largo de las últimas dos o tres generaciones, las mujeres hemos sido finalmente miradas, reconocidas y apreciadas en ese lugar bien visible: el trabajo o el ámbito social. A partir de allí sentimos que comenzamos a existir. No es poca cosa.

Simultáneamente, bien lejos de esas sensaciones cargadas de adrenalina, cigarrillos y café, subsiste cada tanto ese misterioso deseo de engendrar hijos. A veces de un modo tan inconciente que el embarazo aparece sin haberlo llamado a nuestra vida. Pero un día allí está. Puede convertirse en un instante mágico que nos potencia y nos hace florecer. Nos ilusionamos con ofrecer al futuro hijo todo lo que no hemos recibido en nuestra infancia. En el mejor de los casos nos preparamos. Damos a luz. Y de un día para el otro nuestra vida da un vuelco, a veces de un modo no tan dichoso como habíamos imaginado. El niño nos sumerge en un mar de tinieblas, nos arroja al destierro lejos del mundo donde suceden las cosas interesantes, perdemos el tren de lo que habíamos asumido que era la verdadera vida. Desaparece el mundo social, el tiempo, las conversaciones entre adultos, el dinero, la autonomía, la libertad, en fin, desaparecemos como individuos valorados por los demás. Justamente, sentimos que dejamos de existir.

Allí aparece una enorme contradicción interna sin que tengamos verdadera conciencia de ello. Amamos a nuestros bebes pero deseamos escapar del infierno. Queremos criarlos con amor pero necesitamos desesperadamente volver a ser nosotras mismas.
Nuestro “yo” se perdió entre los pañales.

El malentendido que compartimos las mujeres modernas es creer que nuestro “yo” está sólo en el trabajo. A decir verdad, una parte de nuestro ser efectivamente se ha desarrollado allí. Pero otra parte de nuestro ser interior está escondido y permanece irreconocible para nosotras mismas. No lo hemos alimentado y tampoco lo hemos entrenado para convivir con nuestras otras partes tan codiciadas y aplaudidas. Por eso, esa porción de “yo” está desencajada. No hay público que la valore ni que la admire. A veces ni siquiera hay quien la tolere.

Ese es uno de los motivos por los cuales -más allá de las necesidades económicas o los compromisos laborales asumidos antes del nacimiento del niño- regresaremos al trabajo velozmente bajo todo tipo de pretextos que serán avalados por toda persona responsable y seria. El trabajo nos salva. Nos devuelve la identidad perdida. Nos coloca en un estante visible y ordenado a la vista de todo el mundo. “Somos” empleadas, secretarias, abogadas, redactoras, cuidadoras, médicas, ingenieras, bailarinas o cocineras. Poco importa. El hecho es que “somos” algo que tiene nombre y lugar para coexistir en la sociedad.

Ahora bien, el niño ha quedado en muchos casos, insatisfecho. No tanto por las horas que las madres estamos ausentes. Si no a causa de la carga de identidad, valoración y deseo que las madres ponemos cada día en ese “afuera” salvador y dador de identidad. Está claro que “afuera” logramos “volver a ser” y “adentro” con el niño en brazos y solas, nos tornamos invisibles.

Por eso solemos creer que la maternidad y el trabajo son incompatibles en cierto sentido. O mejor dicho, creemos que si esperamos ser excelentes madres, será a costa del trabajo donde perderemos beneficios y crecimiento a causa del tiempo que nos insume la dedicación al niño. Y si queremos ser excelentes trabajadoras, dedicadas y con la energía dirigida al ámbito laboral será a costa de un vínculo más pobre con el niño pequeño o bien delegando su crianza en otras personas.

Es una encrucijada que compartimos hoy en día las mujeres que tenemos niños pequeños. El desafío está en la capacidad de construir una profunda conexión emocional con el niño y con la totalidad de nuestro “yo interior”, teniendo en claro que la identidad tendremos que reformularla en base a nuestros recursos emocionales. Es de adentro hacia afuera. En ese caso, tal vez sea posible seguir trabajando, si es nuestro deseo o nuestra necesidad, sin que el niño tenga que pagar los precios del abandono emocional. La diferencia reside en utilizar el trabajo como refugio o salvación ante nuestra discapacidad para entrar en relación afectiva con los hijos, o bien en desplegar nuestra nueva identidad de madres en la invisibilidad de la vida cotidiana con los niños pequeños sin lastimar el vínculo con ellos, trabajemos o no.

Concretamente, no es el trabajo en sí mismo lo que nos impide ahondar en la relación afectiva con nuestros hijos, sino nuestra capacidad o discapacidad emocional.
Laura Gutman

16.10.08

Revista Criar.


L'Associació Espanyola pro-criança amb "apego" Criar con el Corazón (www.criarconelcorazon.org) llença la seva revista en format digital "CRIAR" . El primer número, un monogràfic de 130 pàgines sobre "El Apego", està disponible al públic en general des del dia 5 d'Octubre, com a celebració del Dia de la Lactancia Materna .

1.10.08

Del llibre "Los árboles no crecen tirando de las hojas”

(Fragment del pròleg)
Es tambien normal que surjan momentos en que los padres no sepan qué hacer o cómo hacer ante un problema de la crianza. Ante estas situaciones cabe una sugerencia: que se guíen por aquello que sus propios bebés les indiquen sobre la manera de resolver la cuestión. Cadnou lo que uno sabe como padre no funciona en un momento determinado, no hay consultor más adecuado a quien recurrir que el propio bebé. Es posible preguntarle su opinión al bebé. Por supuesto, no verbalmente. Pero esto no es una desventaja. Al contrario, al no utilizar lenguaje verbal evitamos uno de los inconvenientes que tiene el lenguaje, que es la posibilidad de ocultar. En cambio, con sus formas expresivas directas, sus gestos, su estado de ánimo, su estado de interés, el bebé nos puede ir indicando, si nos fijamos atentamente, cuáles son sus necesidades y la manera en que él necesita que las atendamos.

Visto así, es fácil reconocer que el bebé, sin proponérselo, puede funcionar como maestro de sus padres, enseñándoles a ser padres, aunque al comienzo era necesario que supieran cómo serlo. Esto es una paradoja de la vida, que a pesar de las innumerables reyertas cotidianas puede en su conjunto ser muy gozosa y enriquecedora.

Los árboles no crecen tirando de las hojas
Hoffmann, J.M., Ed. Del Nuevo Extremo, 2006.